El trastorno de estrés postraumático (o TEPT) es un conjunto de síntomas fisiológicos, cognitivos y conductuales que se dan como consecuencia de un evento traumático. Debemos notar que la definición de evento traumático es muy abierta; la forma de reaccionar ante algo negativo es distinta en cada persona, por lo que lo que es traumático para unas puede no serlo para otras y viceversa. Así, habrá personas que desarrollen TEPT por ejemplo ante un intento de robo a mano armada y otras que ante la misma situación no le den mayor importancia, pero que sí pudieran desarrollarlo ante otro tipo de eventos.

El TEPT se caracteriza básicamente por tres tipos distintos de manifestaciones en la persona que lo sufre. El primero son los síntomas de reexperimentación, que consisten en revivir el momento traumático y experimentar de nuevo todas las emociones negativas vividas durante el mismo. Esto puede tener lugar en forma de pesadillas, flashbacks (momentos en los que la persona pierde la noción de dónde está y siente que vuelve a estar en el momento del hecho traumático, viviéndolo como si fuera la primera vez) o recuerdos intrusivos.

El segundo tipo de manifestaciones son los síntomas de evitación; las personas con TEPT evitan todo aquello que les pueda recordar al hecho traumático, por lo que podrían evitar hablar de ello o repetir las circunstancias del trauma, como pasar por el mismo sitio, salir con la misma gente, etc. El paciente con TEPT tiende a asociar cada vez más cosas con el trauma y por lo tanto a evitarlas, por lo que de no ser controlados, los síntomas de evitación interfieren gravemente con el desarrollo de la vida diaria.

Por último, la persona con TEPT experimentará un estado de hiperactivación corporal, descrito coloquialmente como sentirse siempre ‘con los nervios de punta’. La persona se encuentra en un estado de alerta permanente, con síntomas fisiológicos como irritabilidad, problemas de concentración, insomnio, sobresaltos constantes, sensación de ahogo, etc.

El estrés postraumático puede ser agudo (dura menos de tres meses), crónico (dura más de tres meses) o demorado (si los síntomas aparecen tras al menos seis meses después de haber ocurrido el hecho traumático). Es importante aclarar que no se puede hablar de TEPT cuando aún no ha pasado un tiempo prudencial desde el suceso traumático, ya que reacciones como las descritas anteriormente son normales a la hora de lidiar con un trauma reciente, pero suelen desaparecer pasado un tiempo.

Resumidamente, cuando una persona ha sufrido una experiencia potencialmente traumática, los síntomas de que podría tener TEPT son los siguientes:

  • Recuerdos angustiosos recurrentes, involuntarios e intrusivos relacionados con el trauma.
  • Pesadillas recurrentes cuyo contenido está relacionado con el trauma.
  • Flashbacks.
  • Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos o situaciones que le recuerden al trauma.
  • Evitación reiterada de estímulos y situaciones asociados con el hecho traumático.
  • Alteraciones negativas del pensamiento y del estado de ánimo a raíz del hecho traumático.
  • Sentimientos de culpabilidad, frustración e impotencia.
  • Disminución del interés o participación en actividades que antes disfrutaba.
  • Estado constante de alerta producido a raíz del suceso traumático. Puede manifestarse a través de alteraciones del sueño, respuestas de sobresalto exageradas, hipervigilancia, comportamiento irritable y problemas de concentración.

Como siempre, hay que aclarar que estos síntomas son orientativos y que cada caso es diferente. Si has sufrido un acontecimiento muy negativo del que te está costando salir adelante, si sientes que no puedes conseguir que tu vida vuelva a la normalidad o las secuelas del trauma están interfiriendo gravemente en tu día a día, si has dejado de lado tus hobbies, tu trabajo o tu vida personal a raíz de lo que te ocurrió o lo que viviste se te viene constantemente a la cabeza sin que tú puedas evitarlo y te produce malestar, debes buscar ayuda profesional para que evalúen tu caso y te apoyen para que puedas superar tu problema.

En la mayoría de los casos, el tratamiento del estrés postraumático conlleva la combinación de una serie de técnicas tanto cognitivas como conductuales con el objetivo de mantener a raya los tres grupos de síntomas principales de los que hablamos antes. Entre estas técnicas suelen incluirse la reestructuración cognitiva para modificar las ideas y esquemas de pensamiento erróneos acerca del trauma, las técnicas de manejo de la ansiedad, y la exposición controlada tanto en vivo como en imaginación a estímulos relacionados con el trauma para quitarles su valor ansiógeno y disminuir las conductas de evitación.

Si sufres estrés postraumático o crees que podrías sufrirlo, estas son unas pautas de actuación que podrían resultarte útiles:

  • Acude cuanto antes a un especialista de la salud mental que pueda evaluar tu caso y proporcionarte un diagnóstico fiable y valorar si existen otros trastornos asociados.
  • Escribe sobre lo que te pasó. Para muchos pacientes, hablar sobre el trauma es algo tabú. Escribir puede ser un primer paso para que hablar resulte luego más sencillo, además de ser por sí mismo un acto muy terapéutico, nos ayuda a desahogarnos y a procesar mejor los hechos.
  • Practica técnicas de relajación y respiración profunda y trata de hacer ejercicio. Esto te ayudará a liberar la tensión acumulada y a reducir la hiperactivación.
  • Plantéate acudir a una terapia grupal o busca grupos de autoayuda en tu comunidad. Darte cuenta de que no estás solo y crear un vínculo por gente que comprende por lo que estás pasando puede ayudarte mucho para superar tu problema.
  • Date tiempo. Ten en cuenta que el tratamiento del estrés postraumático no se consigue de un día para otro; dale tiempo a tu cuerpo y a tu mente para recuperarse y enorgullécete de estar trabajando duro para intentarlo.