El trastorno de pánico se caracteriza por la presencia de crisis de angustia o ataques de pánico espontáneos, impredecibles y reiterados en el tiempo. Estas crisis incluyen síntomas tanto físicos (sudores, temblores, sequedad de boca, náuseas, palpitaciones, sensación de ahogo, etc.) como cognitivos (normalmente pensamientos catastrofistas del tipo ‘me voy a morir’, ‘me está entrando algo malo’, ‘esto tiene que ser un infarto’ o similares). Las crisis de angustia ocasionan un temor muy intenso a quien las sufre, tanto durante la propia crisis como en los periodos de calma, puesto que existe un miedo constante a que se produzca un nuevo ataque y a las posibles consecuencias del mismo para la salud.

La agorafobia es un miedo a lugares públicos, espacios abiertos y/o aglomeraciones de personas donde resulte difícil escapar o donde pueda verme mucha gente si me pasa algo. Cuando acompaña al trastorno de pánico, la agorafobia se produce ante el miedo de sufrir una crisis de angustia en público y que todo el mundo nos mire o no disponer de ayuda por no estar en nuestra casa. Los pacientes suelen evitar los lugares donde las crisis hayan aparecido o valoran que pudieran aparecer, así como los síntomas corporales asociados a ellas (por ejemplo, evitar hacer deporte para que no se acelere el pulso). Algunos de los temores agorafóbicos más comunes incluyen estar lejos de casa, viajar en el transporte público, hacer cola, y acudir a eventos sociales como bodas, conciertos, cenas, etc.

No todas las personas que sufren trastorno de pánico presentan agorafobia y viceversa, aunque lo más común es que sean dos circunstancias que van unidas.

En general, de forma resumida podemos decir que los siguientes síntomas son característicos del trastorno de pánico:

  • Presencia de ataques de pánico imprevistos y recurrentes. El ataque incluye una sensación de miedo y malestar intenso, síntomas físicos como palpitaciones, sudoración, temblores, mareos, sensación de asfixia o dolor en el pecho. Además, durante las crisis la persona experimenta miedo a perder el control y ‘volverse loca’ y miedo a morir.
  • La persona se preocupa continuamente acerca de los ataques de pánico, sus consecuencias y cuándo se volverá a producir el siguiente.

Si además el paciente presenta agorafobia, se incluyen los siguientes síntomas:

  • Miedo intenso a los espacios abiertos, el transporte público, los sitios cerrados con mucha gente o estar fuera de casa solo. El miedo es debido a que escapar u obtener ayuda en estas situaciones podría ser difícil si aparecen los síntomas de una nueva crisis.
  • La persona evita estas situaciones o trata de ir acompañada a todas partes.
  • El miedo o ansiedad experimentados son desproporcionados con respecto al peligro real que representa la situación.

Estos síntomas son sólo orientativos. Si crees que podrías estar sufriendo un trastorno de pánico lo mejor es que acudas a un profesional de la salud mental que pueda evaluar tu caso y ofrecerte un diagnóstico fiable. Las crisis de pánico puntuales son normales entre la población general. Sin embargo, si recientemente has estado experimentando crisis de pánico recurrentes y por causa de ello se está deteriorando tu vida social, laboral o personal, ha llegado el momento de pedir ayuda.

El tratamiento con más eficacia demostrada para el trastorno de pánico es la terapia cognitivo-conductual en la que se combinan programas de exposición y técnicas de reestructuración cognitiva. La exposición consiste en primer lugar en un programa de exposición en vivo que confronte a la persona con las situaciones y lugares temidos sin huir de ellos, de forma que se rompa el vínculo que ha establecido en su cabeza entre esas situaciones y sus crisis de pánico. En segundo lugar se suele emplear la exposición interoceptiva, esto es; exponer a la persona a las sensaciones corporales que normalmente asocia con el ataque de pánico (como el corazón acelerado o la sudoración) para que también deje de asociar en su mente ambas cosas. Por último, la parte más cognitiva del tratamiento suele incluir técnicas de reestructuración de los pensamientos distorsionados acerca de las crisis.